I&N EspecialesCultura consciente en organizaciones empresariales

Las organizaciones empresariales, en la búsqueda de satisfacer las necesidades de los clientes y de su rentabilidad, procuran la mejora continua. El enfoque de estos programas y actividades busca atender aspectos tangibles muy evidentes como la tecnología y los procesos, dejando a un lado aquellos factores “suaves” que son determinantes en los resultados de efectividad, influyendo desde la capacidad para percibir las necesidades y comportamientos del ambiente, la planeación, la toma de decisiones, la coordinación para el aprendizaje y el trabajo en equipo, hasta la interacción para pasar de la especulación al diseño y la generación de acción efectiva.

Lo anterior nos invita a poner atención en el aprovechamiento que las organizaciones logran del conocimiento y pensamiento de las personas que constituyen el principal capital de las mismas. Desafortunadamente nuestra forma cotidiana de pensar y de vivir en las organizaciones nos hace sentir que el razonamiento está presente y es efectivo solo por el hecho de iniciar una conversación, y perdemos de vista la posibilidad de mejorar la atención, la capacidad de abstracción y la riqueza de construir conocimiento a través del diálogo.

Podemos decir que cuando un individuo usa plenamente sus sentidos y facultades en el ejercicio de las actividades organizacionales, está siendo consciente. Pero, ¿qué sucedería si el lenguaje que utilizamos no está provocando niveles de consciencia individual y del equipo, suficiente para construir una imagen de nuestra realidad, más integral respecto a nuestras necesidades personales y de nuestros compañeros, respecto a nuestra interacción en los grupos en los que nos desempeñamos y en los resultados de negocio y de afectación al ambiente?

Los seres humanos tenemos la capacidad de percibir y construir reflexión sobre nuestras inquietudes y de nuestros deseos personales relacionados con nuestra actividad en las organizaciones, pero tenemos también la facultad para no hacerlo y simplemente operar casi de manera mecánica en la cotidianeidad laboral y de nuestras rutinas. Al final del día el resultado global podría indicar que todo estuvo bien y al día siguiente se reinicia la misma forma de vivir.

Pero, ¿soy feliz en mi trabajo? ¿Estoy logrando generar relaciones efectivas con las personas que interactúo? Aquellos resultados que se esperan de mi trabajo, ¿los realizo oportunamente y con precisión o solo genero costos que no agregan valor? Dichos cuestionamientos pueden ser incómodos, no deseados y de poca utilidad en la conservación de mi control unilateral y comodidad.

Provocar la atención enfocada, de inicio en el mundo interior del individuo en cuanto a lo que siente, quiere y piensa, puede ser un primer paso en la ampliación de la consciencia, para después profundizar por medio de la indagación en lo que todas las demás partes interesadas quieren, piensan y sienten. Es necesaria también la atención consciente en los aspectos técnicos como los indicadores financieros, la eficacia, la eficiencia, los objetivos de la empresa y la ampliación de la participación en el mercado. Sin embargo, el orden de enfoque es importante, ya que cuando la operación y los aspectos económicos son los principios rectores y la dignidad humana pasa a segundo término, difícilmente las personas en la organización colaborarán y se comprometerán de manera genuina.

Provocar retos en nuestro pensamiento, penetrar en el proceso del mismo y las intenciones personales y relacionadas con las ideas rectoras, ayuda a detener el impulso mecánico de nuestras reflexiones, toma de decisiones, acuerdos y coordinaciones, permitiendo abrir espacios de posibilidad para razonamientos más profundos y amplios que van más allá de lo evidente.

Considerando que es imposible separar al individuo de su contexto dinámico y complejo, en el que se construyen hábitos y condiciones de confort y responsabilidad, resulta fundamental abordar la cultura explicada desde una perspectiva biológica por el científico Humberto Maturana como “una red de conversaciones cerradas”, ya que las creencias, ideas, tradiciones y conductas compartidas por un grupo son construidas a través del lenguaje. Desde esa base la cultura solo puede ser modificada cuando transformamos la forma en la que nos comunicamos. Lo anterior resalta que, tanto en el desarrollo organizacional como del ser humano en la empresa, es esencial el desarrollo de las habilidades conversacionales que permitan la construcción de una cultura consciente.

Si una organización pone a disposición de sus colaboradores las herramientas y los aspectos técnicos necesarios para la operación y además pone al ser humano en el centro, desarrollando las habilidades conversacionales y elevando los niveles de consciencia y compromiso, empezando por sus líderes, alcanzará una mejora radical en el desempeño de la organización para el cumplimiento de sus objetivos y al mismo tiempo estará contribuyendo a que cada uno de sus miembros construya una vida significativa a través de su trabajo.

Por: Marco Antonio Morales Castro y Nayeli Cruz Rueda

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