Hay que animarse; lo peor que podemos hacer es quedarnos con la duda

Para Carmen María Torrebiarte, el mundo empresarial nunca fue un territorio distante. Formó parte de su cotidianidad desde la infancia, mucho antes de que imaginara su propio recorrido en la industria guatemalteca. “Yo sí crecí en un ambiente viendo a mis abuelas trabajar. Era algo normal”, recuerda. Aquello marcó su forma de entender el rol de la mujer dentro de la empresa. 

Acompañar a su padre a la fábrica se volvió una experiencia que, con el tiempo, terminó moldeando su vocación. “Nos tocaba ir a San Cristóbal porque mi papá veía la fábrica. Uno empieza a caminar por los pasillos, a convivir, a entender cómo funcionan las cosas”.

Esa cercanía temprana con el mundo productivo generó algo decisivo. La industria dejó de ser una idea abstracta para convertirse en un espacio posible. “Yo crecí viendo eso como algo que también quería hacer”, afirma.

Después de estudiar fuera de Guatemala y adquirir experiencia laboral en el extranjero, regresó al país para integrarse al negocio familiar en el sector de calzado. 

Una mirada que nace desde el gremio

Su participación gremial comenzó en la gremial de calzado, un espacio donde la agenda empresarial se ampliaba más allá de los intereses individuales de cada compañía. “Cuando uno está en la empresa, ve cómo resuelve los temas de la empresa per se. En el gremio empieza a ver los temas que afectan a todos”, explica.

En aquel momento, la industria enfrentaba desafíos estructurales. El contrabando y la defraudación aduanera golpeaban con fuerza al sector, provocando el cierre de fábricas y debilitando la competitividad. Ese contexto impulsó su involucramiento activo en la defensa de la producción nacional.

Con el tiempo se convirtió en la primera mujer en presidir la gremial de calzado. Más adelante fue invitada a integrarse a la Junta Directiva de Cámara de Industria de Guatemala, consolidando una trayectoria marcada por la participación gremial.

Detrás de esa decisión existe una convicción que ha acompañado a su familia por generaciones. “Para nosotros el desarrollo de un país se da desde la empresarialidad y desde dar oportunidades”, señala.

Una forma distinta de observar las decisiones

Cuando se le pregunta qué aporta la presencia femenina en espacios gerenciales, su respuesta se enfoca menos en etiquetas y más en formas de analizar los procesos empresariales. “Las mujeres vemos más a largo plazo. Uno está pensando cómo lo que voy a hacer hoy impactará en el mañana”.

Para ella, la clave está en la complementariedad. La diversidad de miradas enriquece las discusiones y permite llegar a decisiones más equilibradas. “Lo que existe es una complementariedad entre la mente de los hombres y de las mujeres, que enriquece los foros y las discusiones”.

A veces esa visión se traduce en acciones aparentemente pequeñas que, en realidad, transforman el entorno laboral. Durante la remodelación del edificio de Cámara de Industria impulsó la creación de la sala de lactancia. “Había muchas mujeres en el edificio y estas cosas ayudan a que una mujer pueda seguir haciendo lo que le gusta sin dejar de lado su rol de mamá”.

Aprender siempre

Además de su rol en CIG, recientemente se integró como directora suplente en el INTECAP, una institución clave en la formación técnica del país.

Desde esa perspectiva, observa una realidad alentadora. La participación de mujeres en programas de capacitación es cada vez más similar a la de los hombres. Sin embargo, todavía existen brechas en ciertas áreas técnicas. “Las opciones para educarse están. Lo que a veces pasa es que no las tomamos por falta de tiempo o por desconocimiento. Uno siempre tiene que estar aprendiendo”.

Seguir avanzando

Al dirigirse a las mujeres que están construyendo sus propios proyectos empresariales, su mensaje se centra en la experiencia real del camino recorrido. “Como todo en la vida, hay tropiezos”, advierte. El recorrido empresarial, explica, está lleno de cambios de ritmo. “El camino tiene curvas, desvíos, frenazos y aceleradores”. Pero la clave está en mantener la dirección. “Si uno tiene claridad de dónde quiere llegar, se puede”.

También insiste en la importancia de apoyarse en otros y de mantener la iniciativa aun cuando aparezcan los errores. “No hay que tirar la toalla”, afirma. “Probablemente no va a salir a la primera. Pero eso no significa que no se pueda hacer”. Su invitación final resume una filosofía construida a lo largo de décadas de trabajo.

“Hay que animarse. Lo peor que puede hacer uno es quedarse con la duda”.

Carmen María Torrebiarte pertenece a una generación que abrió camino en espacios donde pocas mujeres participaban. Hoy su trayectoria se mide por la huella que deja en la forma de entender la empresa, la gremialidad y el desarrollo del país. Para muchas mujeres que hoy empiezan a trazar su propio camino empresarial, su recorrido demuestra que la industria también puede ser un lugar donde crecer, participar y aportar a la construcción de un país con más oportunidades.

 

Por: Carlos Esteban Castillo | Coordinador de Contenido Editorial de Cámara de Industria de Guatemala 

El contenido de Industria&Negocios no necesariamente representa la opinión de Cámara de Industria de Guatemala; cada artículo es responsabilidad de sus autores.

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