Guatemala enfrenta un desafío demográfico impostergable. Cada año, decenas de miles de jóvenes ingresan a la fuerza laboral en busca de oportunidades laborales. Con una población predominantemente joven, la capacidad del país para generar empleo productivo y formal determinará no solo su crecimiento económico, sino también su estabilidad social y la posibilidad de reducir la pobreza de forma estructural.
Los países que hoy se consideran desarrollados pasaron por un proceso intenso de industrialización. En 1960, Guatemala tenía un ingreso promedio por habitante más alto que China, Corea del Sur, Japón, y Taiwán. Todos esos países pasaron a Guatemala cuando emprendieron una estrategia nacional de industrialización.
Es lamentable ver el terreno que Guatemala perdió en materia de industrialización y desarrollo. Guatemala vivió un período de alto crecimiento industrial entre 1961 y 1979, con tasas de crecimiento del sector industrial superiores al 7% anual, comparable al de los Tigres Asiáticos de la época. Por esa misma razón, el PIB de Guatemala creció a un promedio de 5.7% en las dos décadas de 1960 y 1970. Perder esa senda de fuerte industrialización nos costó décadas de rezago. Hoy el PIB crece a 3.5% y la industria al 3%, cuando bien nos vas.
La buena noticia es que hoy tenemos la oportunidad de estrategia de industrialización como motor del desarrallo con mayor urgencia.
El nearshoring representa una ventana histórica. La estrategia de EE.UU. de diversificar y acercar sus cadenas de suministro —alejándose de China y privilegiando a aliados cercanos— abre puertas concretas para Guatemala. Contamos con puertos en ambos océanos, una base industrial consolidada en textiles, agroindustria, manufacturas y alimentos procesados, y una alineación histórica con Washington. De todos los países del Istmo, Guatemala es el mejor posicionado para ser la fortaleza manufacturera e industrial, representando el 28% del valor agregado de la industria y el 34% de la manufactura.
La buena noticia es que hoy tenemos la oportunidad de estrategia de industrialización como motor del desarrallo con mayor urgencia.
Iniciativas legislativas estadounidenses como el Nearshoring Act y el Americas Act buscan incentivar la relocalización de producción a países cercanos a EE.UU.. Aprovechar esta tendencia significa atraer inversión extranjera directa, generar empleos formales de mayor valor agregado, transferir tecnología y elevar la productividad nacional. CIG ha participado en las visitas a EE.UU. del sector privado organizado para promover el comercio bilateral entre EE.UU. y Guatemala.
Sin embargo, no podemos ignorar los desafíos que hacen más urgente esta estrategia. Las restricciones migratorias en EE.UU. limitan las salidas de jóvenes guatemaltecos. Esto aumenta significativamente la presión sobre el mercado laboral interno: más jóvenes necesitan oportunidades productivas en Guatemala. Al mismo tiempo, las remesas familiares —que alcanzaron un récord del 20% del PIB— han sido un importante soporte para muchas familias.
Las regulaciones financieras que EE.UU. aplica o contempla sobre los envíos de remesas (mayores controles, requisitos de reporte y posibles gravámenes) podrían reducir este flujo de divisas en el mediano plazo. Con solo el requisito de presentar documentación formal en EE.UU., se presenta un fuerte desincentivo para el envio de remesas. Esta realidad evidencia la fragilidad de un modelo que depende excesivamente de ingresos externos en lugar de generar riqueza productiva dentro del país.
La solución pasa por convertir la industrialización en prioridad nacional. Esto requiere fortalecer el estado de derecho, la seguridad y la certeza jurídica para atraer inversión privada; priorizar infraestructura crítica (energía, puertos, logística y carreteras) mediante esquemas de participación público-privada; y alinear la educación técnica y la formación de capital humano con las necesidades reales de la industria manufacturera.
El Estado debe actuar de forma subsidiaria: crear las condiciones para que la iniciativa privada —nacional y extranjera— lidere la creación de empleo y riqueza. No es el gobierno el que reduce la pobreza de manera sostenible, sino el crecimiento impulsado por la industria.
La solución pasa por convertir la industrialización en prioridad nacional.
El nearshoring no es solo una tendencia global; es una oportunidad estratégica que Guatemala debe capitalizar con visión y decisión. Al industrializar, generaremos empleos dignos para nuestros jóvenes, reduciremos la dependencia de las remesas y construiremos una economía más resiliente y próspera. La ventana está abierta. Aprovecharla significa ofrecer a las nuevas generaciones un futuro de dignidad y oportunidades en su propia tierra.
Por Nicholas Virzi, Ph.D. | Decano, Instituto de Liderazgo y Gobernanza ASTRA

