El componente ambiental en la Responsabilidad Social Empresarial

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) se compone de la integración de los elementos sociales, económicos y ambientales en sus operaciones comerciales para alcanzar la permanencia en el mercado y lograr un crecimiento sostenido de su negocio. Ello se logra cumpliendo con las obligaciones legales y creando una relación ética y transparente con los grupos interesados o stakeholders que puedan verse impactados por sus actividades.

De esa cuenta, la RSE se basa en el concepto de Desarrollo Sostenible, que fue por primera vez acuñado en 1987 por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo como: “El desarrollo sostenible es aquel que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad para que las futuras generaciones puedan satisfacer sus propias necesidades”.  Esta definición implica que las actividades de una empresa, entre otras, logren cumplir sus objetivos sin agotar los recursos naturales que le permiten realizar sus actividades comerciales. Caso contrario, la propia empresa pondría en riesgo su propia supervivencia a futuro.

Aquí, entra la dimensión ambiental de la RSE, pues considera los impactos que los procesos de producción y de prestación de servicio puedan tener sobre los elementos naturales. De esa cuenta, la Constitución Política de la República de Guatemala, en su artículo 97, crea la obligación a: “El Estado, las municipalidades y los habitantes del territorio nacional están obligados a propiciar el desarrollo social, económico y tecnológico que prevenga la contaminación del ambiente y mantenga el equilibrio ecológico”. Ello obliga a las empresas a involucrarse en el respeto y cuidado de su entorno natural al momento de realizar sus negocios y no dejarle esta función únicamente al Gobierno.

La RSE se basa en el concepto de Desarrollo Sostenible, que fue por primera vez acuñado en 1987 por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo”.

Para alcanzar este objetivo, es necesario que las empresas tengan una visión completa de los impactos que tiene sobre el ambiente e implementar procesos para eficientizar el uso de los recursos y reducir sus emisiones y residuos, sin afectar su capacidad de producción. Su ejecución se traducirá en beneficios para las compañías, ya que a través de productos y sistemas innovadores pueden crear nuevos mercados que les generen nuevas fuentes de ingresos y reducir sus costos, al minimizar y reducir la dependencia en recursos escasos y gravosos.

El componente ambiental de la RSE se alcanza a través de cuatro fases. Primero, debe realizar una matriz legal ambiental, que implica la determinación de todas aquellas obligaciones que surgen de la normativa vigente y que le son aplicables. Segundo, debe realizar un diagnóstico ambiental inicial, que consiste en una evaluación detallada de los operaciones, procesos e instalaciones para determinar el grado de cumplimiento ambiental que puedan tener. Ello permitirá identificar aquellas situaciones que requieren de una especial atención derivado de las irregularidades en la aplicación de la ley.

Tercero, la empresa debe establecer un sistema de gestión ambiental adecuado para crear procesos estructurados que le permitan cumplir con sus obligaciones ambientales. Este sistema incluye la planificación de actividades, asignación de responsabilidades, procedimientos a realizar y la asignación de recursos correspondientes. Finalmente, se hace necesario realizar auditorías legales ambientales periódicas, como mínimo de forma anual, para establecer el grado de avance en la implementación de las medidas correctivas, así como actualizar aquellas nuevas obligaciones que surgen de la ley y de las necesidades de la empresa.

Por: Gabriela Platero | Grupo A&G y Gremial de Seguridad y Salud Ocupacional (SSO)