En Estratek, desde nuestros inicios acuñamos la frase que nos ha servido de slogan: “La gente feliz es gente productiva” y lo hicimos convencidos de que es un axioma en el mundo del trabajo que se evidencia no solo por sentido común, sino por muchos datos de investigación científica.

¿Quién determina el ambiente en una organización, en un área o un equipo de trabajo? Con datos obtenidos de más de 150 mil encuestas aplicadas en Centro América y algunos otros países de América Latina, consideramos tener el respaldo suficiente para afirmar que nuestro slogan, más allá de una frase inspiradora, tiene una sólida base científica.

El ambiente que genera un buen líder

Un líder que genera un mal ambiente por la forma de comportarse y conducir a sus colaboradores, no necesariamente es una persona mal intencionada, ya que, en muchos casos, quienes generan malos ambientes lo hacen con la intención de lograr buenos resultados. Sin embargo, por ignorancia, utilizan técnicas de supervisión ineficaces y contraproducentes con las que obtienen lo contrario: desmotivación y malos resultados. Un buen líder debe conducir a su equipo con firmeza y determinación, no con autoritarismo y faltas de respeto. Cuando lo hace de manera efectiva logra el compromiso, el entusiasmo, el esfuerzo continuado, la automotivación, la innovación, la creatividad, la búsqueda de opciones de mejora y el trabajo en equipo, sin necesidad de su presencia física constante.

El norte debe estar claro y ser comunicado e inspirado por el líder”.

El equipo adquiere una visión compartida, inspirada por el líder

Un equipo sin visión es como un barco sin brújula, pero cuando se cuenta con una visión y no es adecuadamente comunicada, es como un barco con brújula defectuosa. El norte debe estar claro y ser comunicado e inspirado por el líder. Cuando un equipo conoce la visión, sabe exactamente hacia dónde dirigir sus esfuerzos y, más importante aún, por qué debe esforzarse. Para que un líder pueda inspirar a su equipo, los miembros del mismo deben tener confianza en él, verlo como un ejemplo a seguir y sentirse valorados y tomados en cuenta. Esto no es asunto de conocimientos o habilidades, es apelar a comportamientos que van más allá de aspectos actitudinales, pues la integridad, transparencia, amor por la verdad y el trato respetuoso, son aspectos que tocan la esfera de las decisiones éticas.

Los trabajadores son tratados con respeto

Un buen líder trata a su personal con respeto, escucha con atención sus opiniones y no duda en ponerlas en práctica. Es aquel que tiene claro su papel de mentor y se preocupa por enseñar a sus equipos, sin guardarse los secretos para sí mismo. Jim Collins, en su magistral obra Empresas que sobresalen, utiliza la metáfora de la ventana y el espejo para expresar este fenómeno característico de los buenos líderes (o líderes de nivel 5, como él los llama). La misma se refiere a que, cuando las cosas salen bien, un buen líder generalmente se asoma a la ventana para ver a quién otorgar el mérito del éxito alcanzado, ya sea a su equipo o a uno de sus integrantes, pero cuando las cosas van mal, lo que hace es verse en el espejo y preguntarse: “¿Qué hice mal para que esto sucediera así?”.

Solo un líder que enseña, escucha, entrena, apoya y motiva a su personal puede lograr resultados sobresalientes”.

El líder guía, enseña, entrena, motiva e inspira a su gente

Solo un líder que enseña, escucha, entrena, apoya y motiva a su personal puede lograr resultados sobresalientes. No podemos esperar buenos resultados de personas que sienten que su trabajo no es bien valorado y que sus opiniones no cuentan para mejorar. Por ello es tan necesaria la formación y evaluación constante de los equipos de liderazgo, pues es uno de los grandes vacíos de la educación formal que luego tenemos que realizar en los centros de trabajo.

Todo esfuerzo para la formación de los líderes en las empresas debe ir acompañado, obligadamente, de procesos alineados que permitan saber si lo que el líder está aprendiendo lo está aplicando. Por otro lado, las distintas capas de supervisión, jefaturas y gerencias, desde el nivel de la alta dirección, deben estar involucradas en los procesos de formación y evaluar el progreso de sus reportes directos para formar una cadena de rendición de cuentas y resultados que va de abajo hacia arriba con la evaluación del clima organizacional, y de arriba hacia abajo con la evaluación del desempeño y el ejemplo.

Por: Mariano Codoñer | Director General de Estratek, S.A.