El potencial de las mujeres empresarias

Aunque mucho se ha escrito sobre la actividad económica y el emprendimiento de las mujeres en América Latina y el Caribe, existen pocas estadísticas que cuantifiquen las contribuciones económicas de las mujeres. Donde hay números, parece que entre el 25 y el 35 por ciento de los empleadores y trabajadores por cuenta propia en la región son mujeres. Se calcula que, entre las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPYME), una cuarta parte son propiedad de mujeres.

La investigación realizada por la Fundación Nacional para Mujeres Empresarias (NFWBO, por sus siglas en inglés) a nivel internacional, en América Latina y en otras regiones, ha encontrado que las mujeres empresarias tienen muchas cosas en común independientemente de su origen.

Comparten características personales similares, se parecen en muchos aspectos en las diferentes líneas de negocios que persiguen y enfrentan problemas y desafíos similares al iniciar y hacer crecer sus negocios. De hecho, hay muchas más áreas de interés en común que diferencias. Cuando se les pregunta directamente a las mujeres empresarias qué necesitan para hacer crecer sus negocios, surgen algunos temas comunes: acceso a la información, la importancia de la capacitación, la asistencia técnica y la tecnología, acceso más facil a capital, acceso a los mercados, tanto nacionales como internacionales y también a las compras gubernamentales y corporativas, acceso a las diferentes redes, tanto en forma de asociaciones de mujeres empresarias como de cámara de industria o empresariales regionales más amplias y ante todo, tener de estos grupos la validación, que significa ser tomado en serio y ser reconocido como una población válida de líderes empresariales.

En varias investigaciones se encuentra que el acceso a financiamiento, tecnología y asistencia especializada, es más difícil para las mujeres en el interior del país. Los programas en los que participa el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) relacionados con el acceso a financiamiento, tecnología y asistencia especializada deben incluir esfuerzos para cerrar las brechas de acceso entre las ciudades, los departamentos y las áreas rurales.

Las mujeres empresarias contribuyen a niveles más altos de autonomía, empoderamiento y reducción de la desigualdad de ingresos. Además, el emprendimiento de las mujeres favorece el desarrollo económico, la creación de empleo, el apoyo familiar y la reducción de la pobreza. Por lo tanto, es necesario estudiar el entorno que rodea a las empresas propiedad de mujeres en la región para empoderar a sus empresas y beneficiarlas a ellas, a sus familias y a el país.

Por: Melanie Müllers | Ph.Dc.

Melanie Müllers es doctora en investigación social.