Elizabeth Suárez: “Las mujeres podemos liderar y abrirnos paso por nuestros propios méritos”

Hay trayectorias que dejan huella en toda una industria; historias que se forjan a contracorriente. La de Elizabeth Suárez, conocida por todos como Doña Betty; es una de ellas. Presidenta de Corporación Acerera Centroamericana, S. A. (CORPACAM), empresa que produce la reconocida marca Hierro del Rayo, su impacto no radica solo en su posición o en las numerosas veces que ha sido presidenta de asociaciones del sector, sino en cómo redefinió el ejercicio del liderazgo en una industria tradicionalmente ocupada por hombres, y en el valioso legado que optó por compartir en lugar de proteger.

Desde la industria del hierro y el acero, su voz se ha convertido en una referencia para entender cómo se abren caminos donde antes solo había resistencia. “Hemos avanzado muchísimo en la participación de la mujer, pero aún falta camino. Apenas hemos dado el primer paso”, afirma con la serenidad de quien ha vivido ese cambio desde adentro.

Abrirse camino en terreno adverso

Cuando Elizabeth inició su recorrido en la industria, a inicios de los años noventa, la posibilidad de que una mujer ocupara espacios de decisión en el acero era prácticamente impensable. No por falta de capacidad, sino por una cultura arraigada en la fuerza física y en jerarquías cerradas. “En ese entonces no veían la dirección como tal. La veían así: ¿cómo voy a aceptar órdenes de una mujer?”, recuerda.

La resistencia estaba más en las percepciones que en los procesos productivos. El desafío fue demostrar que dirigir implica organizar, comunicar y construir eficiencia colectiva. “De pronto decían: no, realmente esa mujer nos está dando claves para que nuestro desempeño sea más eficiente, nos está creando condiciones para que nuestro trabajo sea más llevadero”, relata. Ese cambio de mirada se produjo desde la coherencia y la cercanía.

Para Elizabeth, el liderazgo se ejerce desde la capacidad de leer a las personas y al entorno. “La mujer tiene un ingrediente nato de saber comunicar las cosas sin faltar al respeto. Hacemos que las cosas salgan sin llegar al confrontamiento”, explica, convencida de que esa forma de conducción construye equipos más sólidos.

Liderar desde la preparación y el mérito

La conversación sobre la participación femenina pierde fuerza cuando no se conecta con la preparación y el desempeño. Desde su experiencia en el Comité Guatemalteco de Empresas Lideradas por Mujeres (CGELM) de Cámara de Industria, Elizabeth es enfática en ese punto. “Un trabajo no se va a diferenciar porque soy hombre o porque soy mujer, se va a diferenciar por la meritocracia que alcancemos en nuestro propio desempeño”.

El impulso a la participación femenina, sostiene, pasa por la confianza y el acompañamiento entre empresarias. “Con el CGELM estamos buscando potenciar esa energía para ayudarnos unas a otras a través de mentorías”, afirma, convencida de que “una mujer preparada puede ejercer cargos de dirección y abrirse paso con sus propios méritos”. Y añade valor a la tarea de “potenciar a las mujeres para que crean en sí mismas, a que no le tengan miedo al liderazgo, y a que salgamos adelante con las herramientas que tenemos natas en nosotras mismas”.

Su propia historia es prueba de ello. Llegó a la empresa que se encontraba a punto de cierre sin formación técnica en ingeniería, pero con disposición a escuchar y aprender. “Fue a través de escuchar a mi grupo de trabajo que fui diciendo no vale la pena cerrar, aquí estamos en el momento justo para abrir y continuar”, recuerda. Esa decisión marcaría el rumbo de la compañía y de su propia trayectoria.

La lupa y el reto de ser la primera

Ser la primera mujer en ocupar cargos de presidencia en asociaciones como ACEFAD y Gremetal implicó un nivel de exposición distinto y una exigencia mayor. “Yo sabía que estaba siendo evaluada con lupa. No estaba siendo evaluada como cualquier otra persona”, reconoce. Lejos de paralizarla, esa presión la llevó a reforzar su compromiso con el trabajo en equipo.

“No se trata de demostrar dominio, sino de demostrar que el equipo no se puede hacer solo con ideas de hombres o solo con ideas de mujeres”, sostiene. Su visión siempre ha estado anclada en la complementariedad, en la convicción de que el progreso se construye sumando perspectivas.

Los resultados hablan por sí solos. Diez nombramientos como presidenta de una asociación regional del acero no son casualidad. “Creo que me están viendo también otras mujeres y que están recibiendo el mensaje de que las mujeres también podemos liderar”, afirma.

Disciplina, convicción y una firma que cambió la historia

Toda trayectoria tiene un punto de quiebre. En la de Elizabeth, ese momento quedó sellado en un contrato firmado con su padre. Se le encomendó la tarea de liquidar la entonces empresa Aceros Suárez, S. A., hoy Corporación Acerera Centroamericana, S. A. (CORPACAM), pero el contacto con los procesos y con las personas le permitió comprender el verdadero valor de lo que estaba a punto de perderse. “No; no paremos, sigamos fue el reto. No vale la pena cerrar; aquí estamos en el momento justo para una nueva oportunidad”, fue la convicción que defendió tras semanas de análisis y diálogo.

El pacto con su padre Humberto Suárez Valdés, fundador de Aceros Suarez, S.A., dictaba seis meses para demostrar que la planta podía volver a operar. “Esa firma fue el verdadero miedo”, recuerda. El plazo no admitía matices. Si no se cumplía, la empresa cerraba definitivamente. El reto fue asumido junto al equipo, con disciplina y compromiso absoluto. El reinicio de operaciones coincidió con el día de cumpleaños de su padre. “Creo que fue uno de sus mejores regalos”, dice. Desde entonces, la planta no volvió a detenerse. “Cuando yo empecé, en 1992, éramos productores de tres productos de acero. Hoy ya son más de 20 familias de productos en el mercado de Guatemala y Centroamérica” como HIERRO DEL RAYO.

De esa etapa extrae una lección que repite con firmeza. “Sin disciplina, sin constancia, sin perseverancia, no se llega a la meta. Soñar cuesta el esfuerzo que queramos poner en nuestro sueño. Y el único sustituto para el trabajo duro es el trabajo duro”.

Maternidad y empresa como un mismo proyecto

A la par del reto empresarial, Elizabeth enfrentó la maternidad en uno de los momentos más complejos de su vida. Viuda a los 37 años tuvo que construir equilibrio en medio del caos.

“Fui realista con mis hijos. Cada uno asumió el rol que le tocaba y yo dejé claro cuál iba a ser el mío”.

Lejos de separar familia y empresa, decidió integrarlas desde el ejemplo. Les mostró su trabajo, los procesos, la importancia del esfuerzo. Con el tiempo, encontraron su espacio profesional y se incorporaron a la compañía por decisión propia. “Eso nos hizo pasar de un proyecto individual a un proyecto familiar”, explica.

Hoy, con más de 800 colaboradores, esa lógica se amplió. “Si el trabajo es el segundo hogar, lo ideal es que encuentren una autoridad que comunique la razón de lo que se hace y por qué se hace”, afirma. Para ella, liderar como madre es comprender que cada persona en la empresa cumple un rol esencial en un proyecto común.

El legado que abre camino

Hablar de legado, para Elizabeth Suárez, es hablar de continuidad sustentada en valores, principios y ética. Sus hijos hoy lideran la operación diaria de la empresa, mientras ella acompaña desde la directiva.

Ese mismo concepto se extiende al impacto que su historia puede tener en otras mujeres. “El legado es demostrar que se puede. Mostrar que no hay que tenerle miedo al liderazgo”, afirma. “Jalarnos unas a otras,  es lo que va a hacer que la mujer empresaria logre dar su mejor aporte a la industria”, añade.

En una industria que impulsa economías y transforma países, su historia deja una certeza. Cuando el liderazgo se ejerce con disciplina, convicción y sentido humano, trasciende cargos y generaciones. Y cuando una mujer abre camino con coherencia, ese camino ya no vuelve a cerrarse.

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