Por: Carlos Esteban Castillo | Coordinador de Contenido Editorial de Cámara de Industria de Guatemala
En Corporación Multi Inversiones (CMI), la tecnología forma parte de cada decisión estratégica. No se piensa como soporte, sino como una palanca que impulsa crecimiento y eficiencia en todos los mercados donde opera. No como un lujo corporativo, sino como un habilitador real de competitividad.
En un entorno donde la innovación avanza a una velocidad vertiginosa, la corporación ha asumido un enfoque pragmático y conectado con el negocio, con el que la tecnología se ha integrado como parte del ADN organizacional.
Al frente de esta transformación se encuentra Lucas Martínez Paz, Director Senior Tecnología y Transformación CMI, con más de tres décadas de trayectoria en el sector tecnológico y una visión que combina rigor técnico, comprensión del negocio y una fuerte apuesta por la cultura organizacional. Para él, la tecnología no se trata de tener lo más nuevo, sino de invertir con inteligencia, generar valor real y construir capacidades sostenibles en el tiempo.
“La tecnología es algo que habilita al negocio fuertemente, no es algo de soporte únicamente, sino que forma parte de las decisiones. Está integrada transversalmente en toda la corporación. Permite operar en escala y masivamente, generar eficiencia, ahorros y mayores ventas”, comenta.

Cuando innovar no es seguir la moda, sino mover la aguja
En un ecosistema donde cada semana surgen nuevas plataformas, soluciones y promesas tecnológicas, priorizar se vuelve una de las decisiones más complejas y estratégicas para cualquier organización. En CMI, esa selección no responde al entusiasmo del mercado ni al temor de quedarse atrás, sino a un análisis riguroso de valor, madurez tecnológica y retorno real.
No toda innovación debe adoptarse de inmediato. Algunas requieren tiempo para madurar, otras no generan impacto suficiente y muchas llegan acompañadas de riesgos que deben evaluarse con cuidado, especialmente en temas de privacidad, ciberseguridad y gestión de datos.
“Hay que invertir en lo que realmente mueve la aguja; evitar invertir por moda. No invertir por FOMO -Fear of missing out-, por temor a estar afuera de lo que están haciendo otras compañías. Saber esperar cuándo es el mejor momento para invertir”.
Esta visión se traduce en un proceso constante de evaluación técnica, estratégica y financiera. No se trata de comprar tecnología porque luce avanzada, sino porque resuelve problemas reales y potencia al negocio.
Una metáfora que se ha vuelto parte del lenguaje interno ilustra este enfoque con precisión. “En CMI hacemos un proceso muy arduo de selección de tecnologías para ver en qué áreas o en qué procesos específicamente necesitamos realmente un vehículo de alto performance y en cuáles podemos operar eficientemente con uno confiable y económico”.
No siempre se necesita lo más costoso ni lo más sofisticado. Muchas veces una solución eficiente, probada y sostenible genera mejores resultados que una plataforma de última generación sobredimensionada para el problema que busca resolver.
La transformación que empieza en las personas
Más allá de plataformas, sistemas e infraestructura, la verdadera revolución tecnológica de CMI ocurre en su gente. Con cerca de 10 mil usuarios internos con equipo de cómputo que interactúan diariamente con herramientas digitales, la adopción, el aprendizaje y la autonomía se han convertido en ejes centrales de la estrategia.
Toda transformación tecnológica, sostiene Lucas, es en esencia un cambio cultural. “Una de las mayores tasas de fracaso tiene que ver con la falta de la gestión del cambio, la falta de la gestión de la cultura de la compañía para aceptar el ritmo al cual se entrega la tecnología, el ritmo al cual se capacita a los usuarios”.
En respuesta, CMI ha impulsado un modelo de democratización tecnológica que busca descentralizar el conocimiento, empoderar a las áreas de negocio y formar usuarios capaces de desarrollar soluciones propias.
“Nosotros buscamos la democratización de la tecnología, no queremos que la tecnología sea del área de TI, queremos que la tecnología se descentralice del TI y vaya hacia las áreas usuarias”.
Este concepto permite que colaboradores de distintas áreas se conviertan en agentes de innovación dentro de sus propios procesos. “Creemos mucho en los usuarios tecnologistas, ellos son evangelizadores de tecnología hacia otros usuarios”. Capacitar a quienes están cerca de la operación genera soluciones más ágiles, relevantes y sostenibles, al tiempo que se construye una cultura de curiosidad, aprendizaje y mejora continua.

Decidir con datos, no con intuición
Uno de los impactos más visibles de esta transformación ha sido la evolución en la forma de tomar decisiones. Lo que antes dependía del instinto, la experiencia o la percepción, hoy se respalda con datos limpios, analítica avanzada y modelos predictivos.
“Nosotros tratamos de separar muy bien la parte transaccional de los sistemas de la parte analítica de los sistemas y en el medio está siempre asociada una cultura de queremos tener una organización que tome decisiones basadas en datos, no tomar decisiones con instinto o porque nos gusta”.
Desde precios y promociones hasta inventarios y comportamiento del consumidor, la información fluye en tiempo real hacia las áreas de negocio, empoderando a los equipos para actuar con mayor precisión y velocidad.
Detrás de este ecosistema se encuentran equipos especializados en ingeniería de datos, limpieza de información y arquitectura analítica, asegurando que la base sobre la cual se construyen las decisiones sea sólida y confiable.
El perfil que lidera la era digital
La transformación tecnológica no se sostiene únicamente con infraestructura. Requiere personas con valores sólidos, capacidad de adaptación y una mentalidad abierta al cambio permanente. En CMI, el desarrollo del talento combina competencias técnicas con actitudes que favorecen la colaboración, la flexibilidad y el aprendizaje continuo.
“Buscamos gente que tenga esa flexibilidad para adaptarse, con el ADN de aceptar los cambios con agilidad para cosas nuevas que puedan venir”. A esto se suma una fuerte inversión en capacitación estructurada, programas por niveles, acompañamiento y objetivos personales de desarrollo que refuerzan la idea de que crecer profesionalmente es parte del compromiso organizacional.
Una trayectoria construida entre tecnología y negocio
Los 35 años de experiencia de Lucas Martínez Paz recorren distintas industrias, olas tecnológicas y transformaciones profundas. Desde los primeros debates sobre inteligencia artificial hasta la nube, blockchain y plataformas digitales modernas, su aprendizaje ha sido constante. “Yo todos los días leo 15 páginas web o blogs de tecnología, todos los días”.
Pero su crecimiento no se limitó al ámbito técnico. Comprender el negocio, hablar su lenguaje y alinear la estrategia tecnológica con los objetivos corporativos se volvió una prioridad. “Tenía que entender los temas del negocio, el lenguaje del negocio, las preocupaciones del negocio”.
Maestrías en dirección de negocios, negociación y gestión tecnológica consolidaron una visión integral donde la tecnología no compite con la estrategia empresarial, sino que la potencia. “No puede haber una disociación de lo que quiera hacer TI con lo que el negocio necesita. Tiene que estar perfectamente alineado”.

Tecnología con propósito, visión y disciplina
En CMI, la innovación y la tecnología no sustituyen la visión empresarial. La potencian. Y en un entorno donde el cambio es la única constante, la diferencia no la marca quién adopta más rápido, sino quién adopta mejor.
Porque al final, como lo resume Lucas Martínez Paz, la tecnología no es un accesorio del negocio. Es una de sus columnas vertebrales.

