TecnologíaCiudades inteligentes requieren líderes inteligentes

La tecnología ha cambiado la manera en que trabajamos, aprendemos, nos comunicamos, entretenemos y relacionamos.

 

El mundo se urbaniza a una velocidad sin precedentes y, en la próxima década, las ciudades deberán ser capaces de absorber flujos constantes de migración, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, proveer bienes y servicios a un número creciente de personas, entre otros.

Las nuevas tecnologías ayudarán a las ciudades a resolver los retos transformándolas en entidades inteligentes, mucho más interconectadas y eficientes. Y permitirán a las personas, al Gobierno y las empresas interactuar entre sí de manera más eficaz y ser más sostenibles.

Fábricas de datos

Las ciudades son fábricas de datos, estos podrán predecir problemas como embotellamientos. Y permitirán a las ciudades decidir cómo utilizar mejor sus recursos como espacio, energía, agua y electricidad. Además, monitorearán el medioambiente para anticipar posibles amenazas ambientales, reducir los desechos eficazmente, etcétera.

Las decisiones logísticas se tomarán con base en la información generada por las cantidades masivas de datos acerca de los habitantes y su comportamiento. Los sensores (Internet de las cosas o Internet of Things) en constante expansión, abarcarán semáforos y cámaras, sensores de contaminación, sistemas de control para edificios y dispositivos personales, alimentarán las grandes bases de datos en la nube.

Con un creciente recurso de algoritmos de dispositivos, Inteligencia Artificial y software predictivo, esos datos se analizarán y aprovecharán de forma más rápida y eficiente. Así pues, las ciudades inteligentes tendrán un cerebro que absorberá inteligencia y permitirá tomar decisiones sobre cómo controlar la contaminación, monitorear el tráfico, asignar espacio para estacionamiento y comunicarse con los ciudadanos.

No se trata de ciencia ficción

En Bahía Blanca, Argentina, una sencilla aplicación permite, desde el celular, encontrar un espacio libre de estacionamiento y pagarlo. Esto reduce las congestiones y pérdida de tiempo para los conductores. El servicio de basura ha puesto sensores en los contenedores que permiten saber si es o no necesario recoger todos los días los desperdicios.

Los resultados han sido asombrosos en materia de aumento de eficiencia y reducción de costos para la ciudad, sin que los ciudadanos perciban siquiera un cambio en el modelo.

Como estos, existen muchos ejemplos de cómo los beneficios de dotar las ciudades de inteligencia superan por mucho los costos.

Pero de nada serviría tener aparatos inteligentes si no tenemos líderes y ciudadanos inteligentes. En su nivel más profundo, una ciudad inteligente debe ser capaz de hacer una introspección y reconocer sus retos (lo que su gente y residentes necesitan para tener la calidad de vida que desean) y crear soluciones únicas que permitan a la comunidad resolverlos.

Eso no es más que el cómo, pero no todo se resuelve teniendo muchos aparatos. El verdadero reto está en construir un consenso sobre la vocación y el proyecto de ciudad al servicio del cual poner la tecnología. Sin ese para qué, las ciudades no serán inteligentes, serán ciudades con tecnología sin impacto real en el ciudadano.

 

Colaboración especial: Pedro Uribe

Regional government director
Microsoft Latinoamérica
pedro.uribe@microsoft.com

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