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Industria lidera transformación de Guatemala con responsabilidad social

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un brazo estratégico para el aumento de productividad mediante las iniciativas en las que se aplique de manera consciente. Cada vez más, los expertos se alejan de un concepto filantrópico de la RSE y la resaltan como un valor agregado para cualquier empresa.

Las empresas socialmente responsables cumplen con compromisos morales y normativas que apuntan a derechos humanos, medio ambiente, estándares laborales y anticorrupción. Estos pueden ir desde implementar oficinas “sin papel” hasta ampliar los beneficios de maternidad y paternidad de los trabajadores.

La Antropóloga y Doctora en Ciencias de la Salud, Leticia Artiles, explicó en la conferencia “RSE como ventaja competitiva”, impartida a socios de Cámara de Industria de Guatemala (CIG), que la RSE tiene su fundamento en el fin último de una empresa: generar riqueza al agregar valor en su cadena productiva.

En ese sentido, el Centro para la Acción de la Responsabilidad Social en Guatemala (Centrarse) reitera que “cuando la lógica de la RSE se ve como un modelo de negocio, cambia la circunstancia [y en general,] las empresas más competitivas son las que tienen mejores prácticas de RSE y sostenibilidad”.

Pero, ¿cómo pasó la RSE desde un enfoque de hacer donativos y caridad a un tema que estratégicamente incentiva la ambición empresarial? Al enfocarse en las personas que están dentro de la empresa y no solo a las externas.

Según Artiles, la RSE tradicional se enfoca en el desarrollo de comunidades fuera de la empresa y descuida las necesidades propias del capital humano que mueve la organización. Esto genera anticuerpos dentro de la empresa y “si las personas no están motivadas en el trabajo, no generan o no son productivas”, recordó la experta.

Por ello, es que insiste en una redefinición de la RSE, que apoye en primer lugar a las personas que trabajan para la iniciativa. Esto puede ser con un cambio de cultura organizacional. Una filosofía empresarial que los motive a quedarse y comprometerse con la empresa de manera voluntaria.

Esta transformación requiere tiempo y acciones concretas en cinco distintas fases. La primera es crear y aplicar un régimen legal que proteja tanto la empresa como las necesidades del trabajador. Es decir, que no solo esté apegada a la ley con contratos vigentes y prestaciones laborales, sino que sea pionera en adaptar nuevas modalidades de trabajo.

La segunda etapa que se debe trabajar luego de dominada la primera es establecer una organización que permita el desarrollo personal del empleado, tanto en capacitaciones como en flexibilidad laboral. Después,
se implementan políticas empresariales con proyección de familia y, más adelante, de comunidad.

Por último, se busca que la empresa se convierta en la base para diseñar o ejecutar políticas de Estado enfocadas en la sostenibilidad y el aumento de la calidad de vida de todos sus colaboradores y que impacte también en la vida de los ciudadanos del país en que se desempeña.

Pero toda esta transformación interna depende de dos factores fundamentales: contar con indicadores para medir oportunamente el progreso de las acciones en RSE implementadas, y la voluntad de los gerentes de primer nivel o el compromiso de sus dueños para aumentar el valor en el proceso productivo.

Un compromiso en el largo plazo

Por eso es que Centrarse y el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), al que pertenece CIG, crearon el Índice de Comportamiento Responsable, firmado en mayo durante el X Foro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial organizado por el Centro.

Esta iniciativa mide 75 indicadores base de 150 empresas que buscaron voluntariamente adherirse a la iniciativa y pertenecen al sector industrial, agroindustrial, exportador y de construcción. Estos factores se clasifican en cinco elementos que conforman el Ecosistema del Comportamiento Responsable: gobierno corporativo, laborales, ambientales, económicosocial y el consumo responsable.

Según Juan Pablo Morataya, Director Ejecutivo de Centrarse, esta herramienta permitirá “desarrollar una estrategia regional de cumplimiento responsable” para ser más competitivos en el mercado internacional.

Los resultados de este estudio serán revelados en noviembre. Pero el trabajo no queda ahí.

Después del diagnóstico ejecutado por 25 auditores externos y expertos en sostenibilidad y conseguir un aval de entidades gubernamentales como los Ministerios de Economía y de Trabajo y Previsión Social, se trazará la ruta para implementar acciones e impactar de mejor manera la sociedad guatemalteca.

Además, se obtendrá la referencia para medir avances en la auditoría de 2018, y años futuros. “El impacto del índice será tangible a largo plazo”, comentó Morataya.

Estos exámenes costarán US$800 para las grandes empresas y Q500 para las pequeñas y medianas empresas nacionales, por lo que el Presidente de CACIF, Antonio Malouf, espera que aumenten las empresas participantes.

Según el Director Ejecutivo de CIG, Javier Zepeda, la importancia de estas herramientas empresariales yace principalmente en que fomentan una tolerancia cero a la corrupción, tanto corporativamente como a nivel nacional. Esto garantiza productos y servicios éticos a los consumidores y ciudadanos.

Tolerancia cero a la corrupción

En este sentido, CIG se alió con la International Chamber of Commerce en Guatemala (ICC) para implementar un sistema de RSE enfocado en el combate a la corrupción empresarial: GuateÍntegra.

Este programa busca pasar de la protesta a la propuesta y actuar directamente contra la corrupción. En general, se busca contribuir al desarrollo, competitividad y fortalecimiento institucional del país mediante un cambio en el comportamiento ante la corrupción, al aplicar herramientas que fomenten y faciliten una cultura de legalidad.

GuateÍntegra está diseñado para tres tipos de audiencias: empresas, jóvenes universitarios y niños. Actualmente las dos organizaciones se enfocan en el primer público.

Esta primera fase cuenta de tres componentes puntuales, según Lorena Quiñones de ICC Guatemala. El primero es capacitación de gremiales y empresas en el uso de herramientas desarrolladas por ICC y aplicadas alrededor del mundo desde hace casi 50 años. Para esta etapa CIG e ICC Guatemala cuentan con el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y Counterpart International.

El segundo elemento se basa en la digitalización de procesos internos de las empresas participantes y así volver interactiva la herramienta “Resist”. Esta sirve para evitar y frenar sobornos y extorsiones.

Y el último factor, es crear en el mediano plazo una mesa de trabajo en el sector privado contra la corrupción y una alianza latinoamericana para combatir este mal más allá de las fronteras nacionales.

Este programa no solo mejorará el clima organizacional (RSE interna), sino consolidará la marca y presencia de la empresa (RSE externa), y así les permita competir de mejor manera en el mercado internacional.

Quiñones explicó que este tipo de RSE “hoy es una ventaja competitiva, pero dentro de poco, las empresas que no la apliquen no van a poder subsistir”.

Son muchos los ejemplos de industrias que aplican la RSE, pero al final serán estas las más preparadas para enfrentar los retos de la globalización.

El contenido de Industria&Negocios no necesariamente representa la opinión de Cámara de Industria de Guatemala; cada artículo es responsabilidad de sus autores.

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