El nuevo Presidente

El nuevo Presidente tiene muchos retos por delante y cuenta con la confianza de la ciudadanía. No puede fallar porque dio su palabra y porque cuenta con un equipo constituido con tiempo suficiente.
El catorce de enero –no a las 14 porque la impuntualidad lo impidió– tomó posesión un nuevo Presidente de la República. Algunos detalles merecen ser destacados. El primero es que no puede esperar todo un domo lleno de gente o los televidentes y radioescuchas a que se agilicen los procedimientos en un Congreso subsumido en la burocracia más inoperante. La acreditación podía haberse hecho hace tiempo y no ese día únicamente en la solemne sesión. No obstante, para dar la nota como es habitual, algunos diputados llegaron tarde y mal con su papelería. El segundo estriba en torno al discurso presidencial que incluyó palabras, frases y momentos que pueden destacarse como memorables. Nunca un Presidente había destacado la “empresarialidad” como motor de la creación de empleo y de la economía. Estábamos demasiado acostumbrados a esperar el número de puestos de trabajo que iba a “crear”, la cantidad de viviendas que pensaba “construir” y otras falacias similares muy frecuentes en sus antecesores. Sorprendió con la verdad: los puestos de empleo los crean los empresarios, los inversionistas.
El nuevo mandatario también enfatizó la situación desastrosa que deja el Gobierno saliente y que el ahora expresidente no supo cuantificar en su discurso ante el Congreso porque no está al día de lo que su “equipo” hizo ni es consciente de sus propias acciones. En otro momento del discurso escuchamos decir a Pérez Molina que hay un importante sector de grupos de presión que viven de la violencia, del conflicto y de la confrontación. No dio nombres pero está en el ánimo y en la mente de muchos quienes son esas ONG’s o personas que avivan, no importa que llama para que la comunidad internacional –a la que también culpó de esa particular situación– le tire algunas migajas con las que puedan conformar su salario y el de otros “defensores”, que se dicen de derechos humanos, aunque necesitan como los virus, las plagas o los cultivos de microbios, un caldo para poder continuar con el enfrentamiento que los alimenta.Estamos en un momento histórico en el que, o avanzamos o nos quedamos atorados para siempre. El nuevo Presidente tiene muchos retos por delante y cuenta con la confianza de la ciudadanía. No puede fallar porque dio su palabra y porque cuenta con un equipo constituido con tiempo suficiente, además de haber demostrado dotes de organizador. Nada, sin embargo, asegura una fórmula exitosa y será preciso esperar un tiempo para que se consoliden o, por el contrario, se desvanezcan las esperanzas. No hay todavía un diagnóstico fiable del escenario de partida. De momento, la salud ha sido declarada de emergencia nacional y otros sectores como las comunicaciones, la seguridad o la educación están sufriendo una dura evaluación para conocer la situación exacta. Es posible que se desentierre mucha más “memoria histórica” y veamos deudas mayores a las anunciadas o problemas y situaciones que compliquen el futuro, como los nuevos sindicatos o las piedras que los salientes han ido poniendo en los diferentes Ministerios. Una cosa debe quedar clara, el principal problema del país es de inseguridad y justicia y con sólo arreglar eso ya pasarán a la historia. No hay que negociar ni con maleantes, ni con delincuentes, ni con sindicalistas que tiene agarrado por los bemoles a la mitad de los políticos.
Si el nuevo Presidente parte de premisas muy elementales y claras, cambiará la cultura de una ciudadanía acostumbrada al vivir en el caos pero que añora y extraña el orden, la paz, la seguridad, la libertad y, en definitiva, la garantía de los derechos individuales ¡Ahí tiene la oportunidad de hacer mucho por el país! ¡Suerte!