Por: Enrique Font | Presidente de Cámara de Industria de Guatemala (CIG)
La economía global y las sociedades modernas avanzan de forma inseparable con la tecnología y la innovación. En contextos competitivos, los países que integran de manera estratégica estas fuerzas en su tejido productivo logran mejores niveles de productividad, diversificación de mercados y oportunidades de empleo digno. Guatemala no es la excepción, está frente a una oportunidad histórica para consolidar un modelo de desarrollo que aproveche las capacidades digitales de sus empresas y ciudadanos.
Los datos nos muestran un país cada vez más conectado. En el inicio de 2025, Guatemala contaba con 11.3 millones de usuarios de internet, lo que representa más del 60% de la población total y evidencia la expansión de la economía digital en nuestro entorno. Asimismo, el uso de redes sociales supera el 56% de la población, lo que indica cómo la comunicación y la interacción económica se trasladan hacia plataformas digitales con rapidez.
La industria tecnológica guatemalteca ha generado más de 45 mil empleos directos y ofrece servicios a más de 16 países, con exportaciones especializadas que superan los 155 millones de dólares en 2025. Este crecimiento no es fortuito. Es el resultado del trabajo de empresas, talento local, instituciones académicas y gremiales que han apostado por integrar soluciones tecnológicas en sus procesos y servicios.
Sin embargo, los desafíos persisten. Guatemala ocupa el lugar 123 entre 139 economías en el Índice Global de Innovación de 2025, una posición que nos recuerda la necesidad de intensificar esfuerzos para mejorar capacidades productivas, investigación y mercado tecnológico. Este contexto exige políticas públicas que fomenten infraestructura digital, inversión en capital humano y un entorno regulatorio que incentive la adopción tecnológica en todos los sectores productivos.
Impulsar la transformación digital no es solo una tarea para las grandes empresas. Las pequeñas y medianas empresas también deben contar con condiciones que les permitan competir en mercados globales, aprovechar economías de escala y ofrecer productos y servicios con alto valor agregado. Esto requiere inversiones en formación técnica, acceso a financiamiento y alianzas público-privadas que reduzcan barreras para la innovación empresarial.
En CIG reiteramos nuestro compromiso con iniciativas que integren a la industria guatemalteca en cadenas de valor donde la tecnología y el conocimiento sean pilares de crecimiento sostenible. El sector privado organizado, en conjunto con el sector público y la academia, tiene una responsabilidad compartida para construir un entorno donde el talento guatemalteco pueda florecer sin limitarse por brechas de conectividad o de acceso a tecnologías emergentes.

