Comercio ExteriorGénero y Competitividad – “Necesitamos una mayor participación de las mujeres en los negocios”

“Necesitamos una mayor participación de las mujeres en los negocios”

Durante el X Foro de Competitividad de las Américas, celebrado en México, el entonces presidente de la Asociación de Industriales de Latinoamérica y ex presidente de Cámara de Industria de Guatemala, Fernando López Fernández, pronunció un interesante discurso sobre Género y Competitividad. Por la relevancia de su contenido, revista Industria y Negocios reproduce un extracto de dicho discurso.

 

“Empiezo recalcando que hombres y mujeres tanto desde la parte empresarial como desde la perspectiva laboral y gremial, comparten en general principios como: Defender y fomentar la certeza jurídica, los principios de la libre empresa y propiedad privada; la facilitación del comercio y el combate a la corrupción. Y toda una serie de temas fundamentales sin los que no se genera ni la confianza necesaria ni el clima de negocios conducente a la inversión.

(…) Estoy seguro de que todos ustedes tienen muy presentes las diversas variables que condicionan la competitividad, pero hoy hablamos específicamente de uno. De género, de la participación de la mujer (…) Así que me voy a permitir (…) repetir cosas que ya todos sabemos y voy a tratar de agruparlas en tres rubros: ¿De dónde venimos? ¿Qué queremos? y ¿Por qué no lo hemos logrado y qué hay que hacer?

¿De dónde venimos? En muchas de nuestras sociedades la mujer ha sido un ciudadano de segunda categoría (…) La participación de las mujeres en el mercado laboral fluctúa (según el estudio que escojamos), entre el 50 y 60% aunque con cierta tendencia a estancarse (…) Existen claras desigualdades salariales. Las mujeres reciben menos pago por trabajos similares. Un estudio del BID (2011) demostró que los hombres en Latinoamérica ganaban un 17% más que las mujeres aun cuando ambos tuvieran la misma edad y nivel de educación universitaria.

Y por último, el incremento de empleo y educación no ha conducido a un aumento proporcional en el poder económico y social de las mujeres ni a que tengan una presencia importante a nivel directivo. Es lo que es.

¿Qué queremos?

Sociedades y países exitosos. Mejor nivel de vida, más desarrollo, eliminación de la pobreza. Todo ello requiere que generemos las condiciones para ello y que aprovechemos todos los recursos que tenemos.

Y, sin embargo, en un mundo cada vez más competido, donde el recurso humano cada vez hace más la diferencia, nos hemos estado dando el lujo, hasta ahora, de desperdiciar la capacidad y el talento de un gran sector de la población.

En su documento de términos de referencia para el Grupo de Trabajo sobre género y competitividad, que se formó a partir del 2015, la RIAC nos recordaba que: “Las mujeres y su capacidad de participar en la toma de decisiones, iniciar y hacer crecer negocios, crear puestos de trabajo y aumentar la productividad son vitales para el desarrollo económico…”

Y poniendo números, en la reunión general de la RIAC, Alejandro Delgado, el director del Instituto Nacional del Emprendedor aquí en México, nos contaba que las mujeres que han acudido a sus programas tienen una rentabilidad neta 14.5% por encima de la de los hombres.

Y esto es algo que sucede no sólo a nivel de emprendimientos iniciales sino también de empresas multinacionales que cotizan en bolsa. Aquellas en las cuales hay una mayor participación de mujeres en sus procesos de decisión, están generando mejores resultados. No sólo es justo, sino absolutamente necesario, que las compañías, cultiven la participación de la mujer de manera activa.

Esto debe ser una prioridad porque, como ya decíamos, son un elemento crítico del pool de talento, del mercado de consumo y del proceso de liderazgo y decisión.

Aportan distintos valores, prioridades, necesidades e intereses y cuando un grupo controla hasta el 80% de las decisiones de compra de cualquier familia, las empresas no deben ni pueden ignorar ese vital aporte a la hora de definir sus productos y servicios.

Las organizaciones que van a ser competitivas en el futuro son aquellas que estén en la punta de lanza de la administración de talento, las que mejor promuevan y retengan el mismo. Y ese talento, de continuar las tendencias en educación, será mayormente de mujeres (…) En resumen, en pocas palabras, y sin entrar a temas filosóficos o de justicia, simplemente por estrategia de desarrollo y crecimiento, necesitamos una mayor participación de las mujeres en los negocios.

¿Por qué no lo hemos logrado y qué hay que hacer?

Hasta ahora hemos hablado de la parte fácil. Esta es la difícil. Es una realidad que las mujeres no están alcanzando los niveles superiores de las jerarquías organizaciones (y por lo tanto no logran acceder a puestos de trabajo con sueldos superiores y mayor influencia). Es un fenómeno que se repite a nivel del empoderamiento político. Y es que, hasta la fecha, con contadas excepciones, la diversidad de género no ha sido una prioridad estratégica para los líderes empresariales o políticos en Latinoamérica. Requerimos de una decisión, desde los diversos liderazgos, de aportar su tiempo, esfuerzo y recursos para conseguir esa participación.

Requerimos también de una revisión que es más bien cultural. Cómo manejar el equilibrio entre la vida personal y la profesional.

Todos tenemos claro que en América Latina los hombres no contribuimos significativamente a la vida de hogar y el cuidado de los hijos recae primordialmente en la mujer. El balance de roles, o su manejo, precisamente en los años de mayor crecimiento profesional es fundamental.

Es también claro que tratamos a las niñas de manera muy diferente que lo que lo hacemos con los niños y condicionamos su actuación futura y los sesgos que puedan tener sus comportamientos.

Decidir el curso de acción que cambie este balance y estos estereotipos es una tarea de la sociedad.

Para terminar, quisiera hacer un llamado a la empresarialidad.

El porcentaje de mujeres que emprende en Latinoamérica se ha duplicado en los últimos 20 años. Esto se traduce en más puestos de trabajo, mayor reducción de pobreza (y es conveniente mencionar que la mujer tiende a usar un mayor porcentaje del dinero generado en educación, salud y bienestar familiar que lo que lo hacen los hombres) y mayor crecimiento económico. Es una vocación que debemos impulsar y ojalá hablemos de que sea emprendimiento por oportunidad, el que nace de identificar necesidades, satisfacerlas y crecer como empresa a partir de ese éxito inicial, y no del emprendimiento por necesidad que simplemente busca ajustar los ingresos familiares para el fin de mes.

El reto está claro y debemos enfrentarlo.

“Aquellas (empresas) en las cuales hay una mayor participación de mujeres en sus procesos de decisión, están generando mejores resultados. No sólo es justo, sino absolutamente necesario, que las compañías, cultiven la participación de la mujer de manera activa”.

 

El contenido de Industria&Negocios no necesariamente representa la opinión de Cámara de Industria de Guatemala; cada artículo es responsabilidad de sus autores.

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